Un huracán político repleto de derechos, que sopló solo seis años

Un huracán político repleto de derechos, que sopló solo seis años

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Fue el símbolo del quiebre de la vieja hegemonía agroexportadora, que impuso sus privilegios desde la “organización nacional” y se transformó en el primer capítulo de la batalla final por el modelo de país.

“Me tienen sin cuidado los odios y las alabanzas de los hombres que pertenecen a la raza de los explotadores. Quiero rebelar a los pueblos. Quiero incendiarlos con el fuego de mi corazón.
Los tibios, los indiferentes, me dan asco. Me repugnan porque no tienen olor, ni sabor. Frente al avance permanente e inexorable del día maravilloso de los pueblos, también los hombres se dividen en los tres campos eternos: odio, indiferencia y amor.
Confieso que no me duele tanto el odio de los enemigos, como la frialdad y la indiferencia de los que debieron ser amigos de esta causa maravillosa. Comprendo más y casi diría, que perdono más el odio de la oligarquía que la frialdad de algún hijo bastardo del pueblo.
Si alguna cosa tengo que reprocharle a las altas jerarquías militares y clericales es precisamente su frialdad y su indiferencia frente al drama de mi pueblo.
Y entre los hombres fríos de mi tiempo, señalo más fuerte a la jerarquía clerical, cuya inmensa mayoría padece de una inconcebible indiferencia frente a la realidad sufriente de los pueblos. Les reprocho haber abandonado a los pobres, a los humildes, a los descamisados, a los enfermos y haber preferido en cambio la gloria y los honores de la oligarquía”.

Su posición frente al dolor, construyó su identidad política y aquello de “dónde hay una necesidad, hay un derecho”, fue su ley.
No había grises, no había dudas, solo había espacio para las certezas y frente a la estatura del enemigo, gritó que había que ser revolucionario, o no ser…

“El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas. Es la gran fuerza de los pueblos: la única que no poseen sus enemigos, porque ellos han suprimido del mundo, todo lo que suene a corazón. Por eso los venceremos. Porque aunque tengan dinero, privilegios, jerarquías, poder y riquezas, no podrán ser nunca fanáticos. Porque no tienen corazón. Nosotros sí. Ellos no pueden ser idealistas, porque las ideas tienen su raíz en la inteligencia, pero los ideales tienen su pedestal en el corazón”.

Fueron apenas seis años. Sin puestos oficiales, ni cargos electivos. Seis años, nada más; apenas un instante en la historia de un país. Pero ese relámpago, le alcanzó para atropellar al pasado y terminar con el “estado inhumano”, que tantas veces denunció.

“Quiero demasiado a todos los pueblos del mundo, explotados y condenados a muerte por los imperialismos y los privilegiados de la tierra. Me duele demasiado el dolor de los pobres, de los humildes, el gran dolor de tanta humanidad sin sol y sin cielo.
Los imperialismos han sido y son la causa de las más grandes desgracias de una humanidad que se encarna en los pueblos. Esta es la hora de los pueblos, que es como decir la hora de la humanidad. Todos los enemigos de la humanidad tienen las horas contadas. En la hora de los pueblos lo único compatible con la felicidad de los hombres será la existencia de naciones justas, soberanas y libres”.

Nos separan más de seis décadas de su muerte y cada palabra, expresada ante la multitud o escrita en soledad, siguen sonando a futuro. Habló de justicia, libertad, dolor, esperanza, odio, rebelión, enemigos, traidores, explotación, imperialismo, mediocres, fanáticos, héroes, santos y mártires…

“Los fríos, los indiferentes, no deben servir al pueblo. No pueden servirlo aunque quieran. Para servir al pueblo hay que estar dispuestos a todo, incluso a morir. Los fríos no mueren por una causa, sino de casualidad. Me gustan los fanáticos. Me gustan los héroes y los santos. Me gustan los mártires, cualquiera sea la causa y la razón de su fanatismo. El fanatismo que convierte a la vida en un morir permanente y heroico, es el único camino que tiene la vida para vencer a la muerte”.

Sabía que el enemigo, lejos de estar derrotado, preparaba el contraataque. Denunció al pasado (oligarquía, explotación, concentración de la riqueza, latifundios); gritó el sabotaje del presente (desabastecimiento, difamación constante de la prensa) y advirtió sobre el regreso de los viejos dueños de la Argentina, si antes no se avanza definitivamente, sobre los nidos golpistas.

“La oligarquía que nos explotó miles de años en el mundo tratará siempre de vencernos. Con ellos no nos entenderemos nunca, porque lo único que ellos quieren, es lo único que nosotros no podremos darle jamás: nuestra libertad.
De mí no se dirá jamás que traicioné a mi pueblo, mareada por las alturas del poder y de la gloria. Eso lo saben todos los pobres y todos los ricos de mi tierra; por eso me quieren los descamisados y los otros me odian y me calumnian. Nadie niega en mi Patria que, para bien o para mal, yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle. Por eso, porque sigo pensando y sintiendo como pueblo”.

Se definió como una rebelde con sed de justicia. Habló de “ellos o nosotros”, desde la lógica que implantó la oposición cuando amontonó la resignación de sus sueños en la Unión Democrática y se atrincheró en la embajada de los Estados Unidos.

“Si todavía quedan sombras y nubes queriendo tapar el cielo y el sol de nuestra tierra, si todavía queda tanto dolor que mitigar y heridas que restañar, ¿cómo será donde nadie ha visto la luz ni ha tomado en sus manos la bandera de los pueblos que marchan en silencio, ya sin lágrimas y sin suspiros, sangrando bajo la noche de la esclavitud?
El talón de Aquiles del imperialismo son sus intereses. Donde esos intereses del imperialismo se llamen “petróleo”, basta para vencerlos, con echar una piedra en cada pozo. Donde se llame cobre o estaño, basta con que se rompan las máquinas que los extraen de la tierra o que se crucen de brazos los trabajadores explotados… ¡No pueden vencemos! Basta con que nos decidamos”.

Cuando hablaba de Patria, defendía un modelo político que soñaba “sueños prohibidos” (una Nación justa, libre y soberana; independencia económica, soberanía política y justicia social); en el marco de una revolución que detuvo el avance de la desigualdad y la dependencia.

“La esperanza es un inmenso dolor que se rebela y que quema en la carne y el alma de los pueblos sedientos de libertad y justicia.
El mundo será de los pueblos, si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo. Quemarnos para poder quemar, sin escuchar la sirena de los mediocres y de los imbéciles que nos hablan de prudencia.
Yo los he visto marearse por las alturas. Dirigentes obreros entregados a los amos de la oligarquía por una sonrisa, por un banquete o por unas monedas. Los denuncio como traidores. Hay que cuidarse de ellos: son los peores enemigos del pueblo porque han renegado de nuestra raza. Conocieron el mundo de la mentira, de la riqueza, de la vanidad y en vez de pelear ante ellos por nosotros, por nuestra dura y amarga verdad, se entregaron”.

Decía que había conocido de cerca, la miseria del capitalismo; el mismo que se plantaba como defensor de la Justicia, “mientras extendía las garras de su rapiña sobre los bienes de todos los pueblos sometidos a su omnipotencia. El mismo que se proclamaba defensor de la libertad, mientras encadenaba a todos los pueblos que tenían que aceptar sus inapelables exigencias”.
Pero subrayaba, que más abominable aún que los imperialistas son los hombres de las oligarquías nacionales que se entregan vendiendo y a veces regalando por monedas, la felicidad de sus pueblos.

“No hay nada que sea más fuerte que un pueblo. Lo único que se necesita es decidirlo a ser justo, libre y soberano. Hay mil procedimientos eficaces para vencer: con armas o sin armas, de frente o por la espalda, a la luz del día o a la sombra de la noche, con un gesto de rabia o con una sonrisa, llorando o cantando, por los medios legales o por los medios ilícitos que los mismos imperialismos utilizan en contra de los pueblos. Yo me pregunto: ¿qué pueden hacer un millón de acorazados, un millón de aviones y un millón de bombas atómicas contra un pueblo que decide sabotear a sus amos hasta conseguir la libertad y la justicia? Frente a la explotación inicua y execrable, todo es poco. Y cualquier cosa es importante para vencer”.

Nació un día como hoy, pero de 1919. Eva Perón. Evita…

“Yo no quise ni quiero nada para mí. Mi gloria es y será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo. Y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria”.

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